¡Bienvenido/a a Debug Mental!
Reflexiones sobre mentalidad, hábitos y el costado humano de trabajar en tecnología. Para crecer profesionalmente sin perderte a vos mismo/a en el proceso.
La cualidad para lograr grandes cosas
Algo que con los años he aprendido, y quizás coincidas conmigo, es que para lograr cosas grandes en la vida hace falta constancia y disciplina.
La disciplina es una cualidad importantísima para todo eso que requiere esfuerzo sostenido a lo largo del tiempo. A fin de cuentas, no podemos solamente depender de la motivación.
Habrá veces donde tengas ganas de hacer eso que sabés que te beneficia, como por ejemplo:
Sentarte a estudiar
Hacer ejercicio
Comer saludablemente
Acostarte a horario
etc.
Pero, ¿qué pasa con esas veces donde las ganas no acompañan? Ahí entra la disciplina al rescate. Si tuviera que definir esta cualidad con mis propias palabras, diría que…
“La disciplina es lo que te lleva a hacer lo que sabés que tenés que hacer en el momento que fijaste para ello, incluso cuando las ganas no están ahí para acompañarte”.
La disciplina aporta algo importante para los objetivos que nos fijemos en la vida: estructura. Cuando ya tenemos sistemas y rutinas para ejecutar los pasos que nos llevan al objetivo deseado, es más sencillo ponerse a trabajar en ello.
De hecho, esto que estás leyendo ahora mismo lo escribí el domingo pasado por la mañana, que es el momento de la semana que he elegido para preparar contenido, tanto para la newsletter como mi blog y redes.
Ahora bien, más allá de todo lo que se puede lograr con la disciplina, esta cualidad también tiene un lado negativo. Me pasó a mí (y cada tanto me sigue pasando). Y, quizás, puede que te pase a vos también.
En resumidas cuentas, esa estructura también puede ser una trampa.
La trampa de la disciplina
¿Qué pasa cuando la vida no coopera con nuestros planes? Eso es algo que lamentablemente ocurre tarde o temprano.
Te querés sentar a estudiar, y de repente se va el internet.
Por fin te propusiste salir a hacer ejercicio, pero te piden desde el trabajo que te quedes un rato más.
Y así mil escenarios más.
Pero he aquí la trampa de la disciplina: nos puede hacer creer que si no respetamos la estructura que hemos definido, entonces hemos fallado. Que si no seguimos la estructura definida contra viento y marea, entonces es mejor abandonar.
Esto me pasó muchas veces, y en esos momentos me asaltaron pensamientos como:
“No fui lo suficientemente disciplinado”
“No tuve la fuerza de voluntad necesaria”
“Si tuviera disciplina de verdad, lo habría hecho igual”
“A lo mejor esto es algo que quizás no pueda lograr”
Sí, pensamientos muy negativos. Por mucho tiempo pensé que la disciplina requiere que seamos una clase de persona que lo tiene que lograr siempre, ante cualquier circunstancia.
Claramente esto no es cierto. Llevada a un extremo, la disciplina nos puede volver rígidos e incapaces de ajustarnos según las circunstancias.
Hace hace relativamente poco, cambié esa forma de pensar y descubrí que la disciplina es importante, pero existe otra cualidad igual de importante (o puede que más).
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La mentalidad flexible
Un término con el que me encontré hace poco leyendo cosas por ahí (leo demasiados cosas a veces xD) es el de “flexibilidad psicológica”.
Una investigación científica que podés chequear acá, acuña este término que me parece brillante. Básicamente este estudio nos dice que la salud psicológica no depende solo de estabilidad, control o consistencia (lo que solemos asociar con disciplina), sino de la capacidad de adaptarse dinámicamente al contexto.
La psicología flexible, según el estudio, se define como la capacidad de:
Reconocer demandas situacionales cambiantes
Ajustar comportamientos cuando dejan de funcionar
Cambiar mentalidades (no solo acciones)
Mantener balance entre distintas áreas de la vida
Actuar alineado con valores, no solo con reglas
Dicho de otro modo:
La disciplina sin flexibilidad asume un mundo estable.
La realidad es dinámica. Por lo tanto, la rigidez es desadaptativa.
¿Significa esto entonces que hay que abandonar la estructura? No, para nada. Lo que este estudio nos intenta decir es ser inflexibles puede traer consecuencias negativas para nuestro bienestar y salud psicológicos, y nuestra relación con el trabajo y las actividades diarias.
Jon Goodman, autor del libro Unhinged Habits, lo dice de una manera genial:
“Hay momentos en los que la estructura está al servicio del comportamiento, y otros en los que la espontaneidad es mejor opción. La clave no está en elegir una por sobre la otra, sino en entender cuándo cambiar de marcha. La estructura crea el marco que hace posible una espontaneidad significativa. La espontaneidad aporta la materia prima que vuelve productivos los períodos de estructura.”
Disciplinados pero adaptativos
Sin la disciplina difícilmente logremos eso que de verdad queremos en la vida. Pero si abusamos de esta cualidad, deja de ser una herramienta y se convierte en una regla que no se puede cuestionar.
La disciplina es útil porque reduce la incertidumbre, pero la vida no deja de cambiar. Cuando esa estructura no puede adaptarse, deja de ser una ventaja y se convierte en una limitación. La diferencia entre avanzar y estancarse no está en cuánto control ejercemos, sino en qué tan capaces somos de soltarlo cuando el contexto lo exige. No es la falta de disciplina lo que rompe a una persona, sino la incapacidad de desviarse de ella.
Por eso, en vez de volvernos rígidos, apostemos por ser más flexibles.
En esos momentos donde a lo mejor no pudimos seguir nuestra estructura y nuestros hábitos, en vez de pensar cosas como:
“Mejor vuelvo a intentar la semana que viene”
Vayamos por esto:
“¿Qué puedo hacer ahora mismo? ¿Qué puedo hacer hoy?”
Aunque suene cliché decirlo, el progreso no requiere perfección.
Requiere constancia y disciplina, sistemas y hábitos.
Pero también requiere adaptación y flexibilidad.
No hace falta abandonar la estructura por completo. La clave está en entender cuándo nos sirve, y cuándo es mejor soltarla.
Tal como lo dice Ryan Holiday en su libro La disciplina es el destino:
”Debemos cultivar la capacidad para el cambio, para la flexibilidad y la adaptabilidad. Continuamente, constantemente. Cambiar las pequeñas cosas del día a día para preservar y proteger las grandes cosas. La rigidez es fragilidad. La falta de forma (formlessness) nos vuelve irrompibles.”



