Una vez a la semana. Cinco minutos
No te cambia de la noche a la mañana, pero puede cambiarte para siempre
¡Bienvenido/a a Debug Mental!
Reflexiones sobre mentalidad, hábitos y el costado humano de trabajar en tecnología. Para crecer profesionalmente sin perderte a vos mismo/a en el proceso.
Entrenados para ver el error
En nuestro día a día como ingenieros (de datos, de software, etc.), algo muy común es arreglar lo que se rompe.
Nada es perfecto. Nosotros no lo somos, y los sistemas que construimos tampoco.
Nos toca lidiar con:
bugs
código legacy
refactorizaciones que a lo mejor rompen lo que ya funcionaba
el cliente que un viernes cambia de opinión sobre un requerimiento de la nada (le pasó a un amigo)
A eso se le suma:
la paranoia con la IA y los layoffs
y la presión por aprender una nueva herramienta cada martes
Esto nos deja en un estado donde vivimos esperando el error o buscándolo activamente. Eso no está mal per se, es parte de nuestro rol.
Buscar bugs para mejorar un sistema puede reflejar proactividad.
Buscar bugs para bajonearnos con un “mirá todo lo que está mal” puede ser muy contraproducente.
¿Y si resulta que, sin darnos cuenta, estamos llevando esa inercia de “mirar solo lo roto” a nuestra vida personal? ¿Qué pasaría si aprendiéramos a mirar lo que sí funciona con la misma intensidad con la que buscamos lo roto?
Eso hicieron unos psicólogos en California, que dividieron a un grupo de personas a mirar lo roto y a otro a listar cosas que sí funcionaban. Te cuento lo que descubrieron bien rapidito.
Los 3 grupos
En un estudio titulado “Counting blessings versus burdens” (Contar bendiciones versus cargas), un grupo de psicólogos e investigadores dividieron a la gente al azar en tres grupos:
El grupo de agradecimiento (gratitude listing), donde los participantes escribieron todo eso por lo que se sentían agradecidos.
El grupo de fastidios o quejas (hassles), donde los participantes anotaron todo eso que los irritaba.
El grupo neutral o de comparación social.
No hace falta que adivines a cuál le fue mejor. Lo interesante es que el impacto del grupo de agradecimiento no fue una panacea o una magia que curó todo.
El resultado más robusto y consistente a lo largo de los estudios no solo involucró mejoras emocionales e interpersonales para los participantes, sino también un aumento en el “positive affect”, que podría entenderse como un cambio en el ruido de fondo de la mente.
En otras palabras, una mayor predisposición a no engancharse con lo que sale mal, un amortiguador contra el cinismo del día a día.
¿Y lo mejor de todo?
Que el registro que hacían los participantes ocurría una vez a la semana, y no a través de un ritual diario místico.
De nuevo: como profesionales en tech nuestra mente está entrenada para buscar el error o al menos esperarlo.
En ese sentido, somos más parecidos al grupo de “fastidios o quejas”, donde hay que listar con frecuencia lo que está ahí para arreglar y que a veces literalmente hace que nos quejemos, y más cuando un “hermoso bug” aparece un viernes a las 3 de la tarde.
Entonces quizá es normal que en nuestra vida diaria, esa que ocurre fuera del trabajo y la pantalla, adoptemos el mismo enfoque.
La buena noticia es que podemos “salirnos” del grupo de fastidios, y pasarnos al grupo de agradecimiento, con todos los beneficios que eso conlleva. Solo necesitamos 5 minutos.
¡Gracias por leer El Ingeniero Consciente! Si te reenviaron este correo o estás leyendo desde la web, te invito a suscribirte para recibir más ediciones y potenciar tu camino IT con una pizca de consciencia y atención plena.
Un poquito más ligero/a. Un poquito más feliz.
No hace falta un diario de gratitud perfecto de 365 días.
Siendo realistas, la vida tiene sus contratiempos.
Sus “bugs” y “crashes”.
Y esto tampoco se trata de convertirnos en optimistas ciegos o positivistas tóxicos.
Separar unos 5 minutos, cada semana, a listar todo eso por lo que estamos agradecidos, eso que ya está funcionando bien, es todo lo que hace falta para “cambiar de grupo”.
Para activa y conscientemente redirigir nuestra atención de lo que está roto, eso en lo que nuestro cerebro ama concentrarse, hacia lo que ya funciona.
Es el equivalente a tener una buena suite de logs: no evita que se caiga el sistema, pero nos da claridad para ver dónde estamos parados y nos permite ver qué está andando como corresponde.
Este cambio de foco puede crear una espiral ascendente a nivel psicológico:
ya no somos tan reactivos al estrés
somos un poco más positivos (y con fundamento)
obtenemos más motivación para seguir adelante, a pesar de los “bugs” de la vida
Conclusión
Una vez a la semana, escribí eso por lo que te sentís agradecido/a. Puede ser cualquier cosa.
¿Querés unos ejemplos? Esto es lo que suelo agregar a mi lista semanal:
Las tazas de café de cada mañana en mi taza de Notion (a lo mejor ya la viste en mis posts en Twitter o LinkedIn).
Tener los recursos para seguir capacitándome (sin importar si el curso fue gratis o pago).
La salud de mi familia y la comida en la mesa que este rubro me permite pagar.
Las personas que cruzo en el camino y me recuerdan que tech no tiene por qué ser un laberinto solitario.
¡Y puedo seguir!
No creas que no tengo problemas. Los tengo como todo humano común y corriente.
Pero aprendí que la gratitud es una fuerza inmensa que puede ayudarme a sobrellevar cualquier desafío o bajón.
¿Te animás a realizar este ejercicio cada semana?
El objetivo no es sentirse eufórico/a, sino más bien redirigir amablemente tu atención hacia eso que te está permitiendo seguir adelante, y no en eso que te drena.
No hacia el bug que a lo mejor te descoloca un poco, sino hacia el código que, a pesar de todo, hoy está corriendo bien.

